Lloro para limpiar y regar
Era como una hormiga laboriosa, que no miró a sus costados, hasta terminar el refugio. Yendo empedernida hacia donde tenía que buscar el material, intentando arreglar mis herramientas en el camino a penas como podía.
Dolía. Dolía como el infierno mismo quemando partes internas de mi piel que se me caían y me tenía que volver a poner.
Estaba desarmada. Desarmada de amor. Hacía un buen tiempo había estado caminando por este mundo sin ningún latido aunque sea un poco lleno.
Me había olvidado de mí, me olvidé del mundo. Me callé todo lo que tengo por decir, todo lo que mi alma tenía en forma de remolinos y flores silvestres.
Me quedé callada en frente de una montaña gris y la dejé caer sobre mí, sin correr.
En el medio lastimé. Lastimé a la persona con la que llegué a este límite. Lastimé a mi mamá, lastimé a mi papá, porque los defraudé. No fui feliz. Los defraudé de ser feliz y de amarme a mí misma como ellos me amaron y me aman aún.
Hoy me encontré escuchando mi música preferida, mirando por el balcón hacia el cielo azul, amplio y estrellado. Casi como si lo hubiese diseñado hace mucho tiempo y hoy estaba frente a mis ojos reflejándome.
Me encontré llena de mí. Por primera vez en mucho tiempo, hoy llenaba los espacios que yo misma había dejado que se vacíen. Estaba llenando cada rincón de mi cuerpo, lo llenaba de éter, de mi propia divinidad.
Se me abrió un campo de posibilidades y quise tomarlas a todas.
Lloré y lloré, drenando todo el poquito que me quedó por drenar. Mis lágrimas están limpiando y a la vez regando, porque ahora soy tierra fértil y estoy esparciendo semillas tiernas y ávidas de crecer hacia el infinito. Tengo la base desde donde seguir. Lo logré.
En el medio, él volvió. Volvió como alguien que me da besos en la frente y todos los días me pregunta como estoy; me trata como me trataría yo. Y no estamos reconstruyendo... se siente como algo nuevo.
Se siente la reciprocidad de la paz, se siente la compañía, la sincronización, se siente como el viento nos vuelve a juntar porque aquí pertenecemos: a seguir evolucionando juntos por ahora.
Y a esto lo logré yo solita. Yo decidí cambiar todo lo que no me gustaba, mirar a los ojos a mi propia oscuridad y echarle luz a la fuerza, casi como si de baldazos se tratara.
Me costó tanto que ya no voy a permitir que nada ni nadie entre a causar desorden. Si hay desorden es porque me lo hice yo, y de otra forma es porque lo necesito para volver a ordenar, pero ya no voy a permitir jamás que algo entre a querer ocupar el lugar que me corresponde a mí dentro de mi misma. Ya no me va a herir porque primero tengo que herirme yo y a nadie más le doy ese poder.
Esta soy yo, mamá. Y esta vez no te voy a defraudar. Y no me voy a defraudar. Te lo prometo.
Ahora sí estoy aprendiendo que me merezco también lo lindo, lo profundo, la calma y el polo apuesto a lo que tanto me pesó un tiempo atrás. Tenía que pasar por eso para verme aquí, eso lo tengo muy claro.
Así que hoy lloro, lloro para limpiar y también regar.

Poético blog, te animo a continuar. Saludos.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por el apoyo! No me lo esperaba :)
Eliminar